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No tener alimentos, uno de los efectos del COVID-19

semillas

#ayudacovid19

La crisis sanitaria mundial provocada por el COVID-19 nos está afectando a todos, de una forma u otra. Pero, sin duda, una vez más, las personas en situación de pobreza, son las que se encuentran más desatendidas.

Muchas son las consecuencias que está provocando el COVID-19, al margen de las sanitarias. Es el caso de las familias más vulnerables que, además de los riesgos sanitarios y sus dificultades de acceso a servicios médicos, verán cómo aumentan sus índices de inseguridad alimentaria.

En muchos países, los precios de los productos de la canasta básica (semillas, harina, sal, leche, así como productos de higiene, etc.) se están disparando. Esto sucede, sobre todo, en mercados informales o locales donde el control es poco y la capacidad de denuncia social de sus compradores es prácticamente nula. El incremento de estos precios se debe, en algunos casos, a una mayor demanda por motivos de abastecimiento y emergencia. Por otro lado, hay quien aprovecha la situación para acaparar productos esenciales con el objetivo de venderlos a precios desorbitados si llega el momento de que la oferta escasee. Un incremento de los precios, tiene la capacidad de destrozar los medios de vida de la población más vulnerable disparando, aún más si cabe, los índices de inseguridad alimentaria y nutricional. Una situación que están viviendo las familias con las que trabajamos.

En Guatemala, además, se suma el condicionante temporal. Por un lado, desde mediados de abril a agosto, aproximadamente, comienza el periodo anual de escasez de alimentos en los hogares, llamado periodo de “hambre estacional”, debido al agotamiento de las reservas de granos básicos disponibles. Por otro lado, en esta época, finaliza el periodo de trabajo temporal de cosecha de café, caña y cardamomo; el principal sustento del que dependen las familias durante el año. Por último, inicia la época lluviosa, con sus efectos adversos sobre el acceso al agua segura para consumo humano y el incremento de enfermedades infecciosas. Esto unido a la situación provocada por el COVID-19 hace que aumente su riesgo de vulnerabilidad.

Desde CODESPA estamos adaptando nuestros proyectos a la nueva emergencia en la que nos encontramos. En Guatemala, estamos trabajando, con el apoyo de AECID, para mejorar las condiciones de seguridad alimentaria y nutricional de las familias rurales en situación de vulnerabilidad del departamento de Chiquimula. Para ello, hemos constituido doce bancos comunitarios de semillas, “SEMISAN ” (Semillas para la Seguridad Alimentaria y Nutricional), como estrategia para asegurar el acceso y disponibilidad suficiente a semilla y grano en las comunidades.

Por la situación de emergencia que viven estas comunidades por el efecto del COVID-19, nuestro equipo en Guatemala, está adaptando la iniciativa para que los bancos “SEMISAN” ofrezcan semillas de maíz y frijol a precios asequibles, por debajo de los precios que se prevén en el próximo mes a estas familias en situación de riesgo. 

Esta información les llegará a las familias a través de dos vías. Por un lado, a través de nuestra plataforma de envío de sms Emilpa . Les enviaremos, por móvil, la oferta de los bancos SEMISAN, además de los precios de referencia en sus mercados habituales, para todos aquellos municipios donde están localizados los bancos. También, repartiremos trípticos informativos entre las familias de esta zona.

A día de hoy, los bancos cuentan con 2,500 kg de semillas mejoradas de maíz cuyo uso es la siembra. De esta siembra de maíz, dependerá la alimentación de la familia a partir de octubre. Es la base de su alimentación y lo que determinará la duración del periodo de hambre estacional del 2021. Estos bancos venderán a crédito paquetes de 7 kilos de semilla a cada familia y éstas devolverán el valor en semilla una vez que cosechen en octubre. Esto permitirá que las familias produzcan un promedio de 190 kilos de granos de maíz y suelen consumir unos 19 kilos mensuales por personas.

367 familias que viven en situación de vulnerabilidad, accederán a semillas mejoradas en condiciones muy favorables como la flexibilidad en plazos y formas de pago a crédito y precios más bajos de los que se darían en condiciones normales. Con la inflación en emergencia, la diferencia de precio será mucho mayor.

Inicialmente, todo el excedente de semilla, se iba a destinar a la venta al por mayor. Debido a la emergencia provocada por el COVID-19, todo ese excedente se va a destinar a distribuirlo, a través de créditos flexibles, a las familias que lo necesiten.

Una iniciativa que adaptamos para que los bancos de semilla SEMISAN destinen sus semillas a la población que más lo necesita en esta crisis sanitaria mundial.

Si estás interesado en colaborar con este proyecto, haz una donación en el siguiente link.

 


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