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Reflexiones de un cooperante en las profundidades angoleñas

Reflexiones de un cooperante en las profundidades angoleñas

Ya son cinco años en Angola. A lo largo de estos años, he tenido la oportunidad de hacer de todo: trabajé en la Administración Pública y dirigí una empresa; pero nada tan enriquecedor como los últimos 2 años trabajando en CODESPA.

Angola es un país de extremos: la opulencia más visceral convive con la miseria más absoluta; la mayor producción de petróleo de toda África no consigue erradicar la lacra del hambre que aún sufren millones de angoleños, ni garantiza que tengas la oportunidad de vivir una infancia feliz (la tasa de mortalidad infantil se sitúa entre las más altas del mundo). Sí, ha habido avances significativos desde 2002 (año en que terminó el conflicto armado más largo de África), pero desde finales de 2014 con la drástica reducción del precio del petróleo, el progreso se ha ralentizado y el panorama a corto/medio plazo es desolador con una alta inflación que hace más difícil el día a día de todos los angoleños. Poner tus habilidades a disposición de los campesinos más pobres de Angola, especialmente en el contexto actual del país, es una oportunidad única. Y eso es lo que hacemos desde CODESPA.

Huambo y Bié, una extensión de cien mil kilómetros cuadrados

Trabajamos en Huambo y Bié, las provincias más afectadas por la guerra. Nuestro día a día consiste en ayudar a casi medio centenar de grupos de productores agrícolas (escuelas de campo, asociaciones de campesinos y cooperativas agrícolas) en una región cuya extensión es superior a cien mil kilómetros cuadrados. Esto supone desplazamientos de cientos de kilómetros diarios con muchos tramos por caminos intransitables. En ocasiones, nuestros coches (que, en total, ya acumulan un millón de kilómetros) son los únicos que llegan a una determinada aldea en todo el año. Vamos adonde nadie llega aunque ello conlleve atravesar barrizales, puentes de madera, ríos… Muchas veces, pese a contar con coches 4×4, no podemos continuar la marcha y tenemos que desenterrar nuestro vehículo utilizando palas para poder llegar hasta las comunidades más vulnerables con las que trabajamos. Todo esto implica que muchas veces no sepamos cuando llegaremos a casa y, alguna vez, nos hemos visto obligados a dormir en el coche, ya que hay situaciones que no hemos podido superar en el mismo día.

Caminos intransitables en Angola

Al final, estos desplazamientos se convierten en rutina. Sin embargo, no sólo tenemos que llegar hasta el lugar más recóndito, también debemos informar de lo que hacemos a nuestros donantes y formular nuevos proyectos, con el objetivo de poder ayudar a otras comunidades y resolver los problemas a los que se enfrentan. Las necesidades son tantas que muchas veces ocupamos nuestro tiempo libre para lograr esta meta. Lo hacemos con pasión porque no hay nada más gratificante que trabajar en un proyecto que cambia la vida de las personas. Probablemente, trabajar como cooperante no sea una decisión racional desde el punto de vista material, pero sí desde el punto de vista moral y de la felicidad personal.

No todo es tan bonito, a veces, se hace duro. Hay días que llegas a casa y tu cuerpo ya no da más de sí. Hay días que reflexionas si merece la pena tanto esfuerzo, ya que sólo somos una gota en el desierto. Otros días te preguntas si tiene sentido lo que hacemos, si la riqueza de Angola no podría sostener un sistema de extensión rural potente que haga a CODESPA en Angola superflua. No obstante, como por arte de magia, todo cambia desde que concentras tu atención en lo que verdaderamente importa: las personas a las que ayudamos. Personas como Sebastião, que sufrió una trombosis aguda y tenía enormes dificultades para caminar durante el último año de su vida y, aún así, hasta el mismo día de su muerte, no dejó de dar orientaciones semanalmente en los campos de multiplicación de semillas de la Cooperativa Agrícola de Katapi apoyado por el coche de CODESPA y nuestros técnicos agrícolas. Personas como Manuel, un joven que se levanta todos los días a las cinco y media de la mañana para trabajar como operario del molino de la Cooperativa Agrícola Cupemba y que, con su trabajo, permite que cientos de mujeres no se pasen días moliendo el maíz, para dar de comer a sus familias. Beneficiarios como Daniel y Dionisio, jóvenes de veintipico años como tú, que han decidido quedarse en su pequeña aldea. Ellos, al igual que cualquier otro joven, sueñan con grandes proyectos y con una ilusión desbordante, piden que te lleves su ‘plan de negocio’ para que lo revises y lo comentes con ellos en la próxima visita.

Trabajamos en Angola, para ayudar a los más vulnerables

En el fondo, sabes que no nos podemos permitir el lujo de desistir porque estos pequeños agricultores necesitan asistencia técnica para aumentar sus cosechas; mejorar sus niveles de seguridad alimentaria; salir de la agricultura de subsistencia; y formar cooperativas sólidas que puedan vender los productos que cosechan, no sólo en el mercado informal sino en el formal, a precios justos, como ya lo hacen las primeras cooperativas que apoyamos con nuestros proyectos en Angola.

Son ellos: Sebastião, Manuel, Daniel, Dionisio,… los que hacen que tu permanencia en Angola tenga sentido y, ¡los que enriquecen tu vida como no lo podría hacer ningún otro trabajo del mundo!

Juan Ramón, Delegado de Angola