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Marleny pudo convertirse en lo que soñaba: una mujer líder y autónoma. #unahistoriaquecontar

Marleny pudo convertirse en lo que soñaba: una mujer líder y autónoma. #unahistoriaquecontar

Esta es la historia de vida de Marleny Yule Yatacué, una mujer indígena Nasa colombiana de 29 años emprendedora, trabajadora y preocupada por su comunidad.Ella nos ha demostrado que con el trabajo constante, empeño, dedicación y una oportunidad, aunque en el camino surjan dificultades, todo puede cambiar.

Marleny vive en la vereda Campo Alegre del municipio de Jambaló, un territorio situado al nororiente del Departamento del Cauca de Colombia. Allí, los derechos de las personas se ven amenazados por la presencia del grupo armado al margen de la ley de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejercito del Pueblo (FARC-EP), que desestabilizan e impiden el desarrollo económico y social de los pueblos indígenas.

En Jambaló habitan los pueblos nativos Nasa y Guambiano quienes integran el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). Desde esta organización, mujeres y hombres indígenas luchan por sus derechos y por disminuir la desigualdad del Departamento del Cauca.

Sus carreteras y sus comunicaciones sufren años de retraso y les impiden poder desarrollar sus negocios, siendo también un problema para su seguridad diaria.

La casa de Marleny se ha convertido en el lugar donde la gente de la zona se reúne a comprar víveres y a conectarse con el mundo

Marleny tiene dos hijos, una niña de 11 y un niño de 4. Paga la ropa, la escuela y la comida de su familia gracias a una tienda de víveres y a la venta de los tejidos artesanales que ella misma teje. Además, su propia casa, con un simple ordenador, permite a la comunidad mantenerse comunicados con el resto del mundo a través de internet.

Marleny, hija de padres separados, siempre había soñado con terminar sus estudios, pero solo tuvo la posibilidad de finalizar su educación primaria.

A sus 18 años, motivada por encontrar un trabajo, decidió unirse y participar en las asambleas del cabildo (organización pública gestionada por familias indígenas) de su comunidad. Estando allí vio que muchas de las mujeres que asistían dedicaban este espacio para tejer. Marleny comenzó a recordar que ella también había aprendido, de su abuela, las técnicas tradiciones de tejer e hilar la lana.

Decidió retomar todos esos conocimientos, reflejo de una tradición que casi se extingue pero que ahora renace. Marleny se dio cuenta de que esa actividad podía convertirse en su fuente de indepencia económica y social.

Y hace unos años, en 2011 conoció el grupo de Mujeres Artesanas Sekdxi (Camino al Sol en Nasa Yuwe), pasando a formar parte de nuestro proyecto Enredarte con Identidad. Comienza entonces a formar parte de él, como una de las mujeres tejedoras. Y aprovecha su conocimiento en la técnica del tejido artesanal para vender las mochilas tejidas que ella misma elabora, en su tiempo libre y, así, ayudar económicamente a su familia.

“Cuando nosotras vendemos una mochila siempre estamos pensando primero en el futuro de nuestros hijos y en qué le vamos a dar de comer”. Tanto el aporte de ella como el de su esposo, quien recibe apenas $8.000 pesos colombianos (2,88 euros) al día trabajando como jornalero, va dirigido a los gastos de sus hijos.

Pese a las dificultades que ha tenido que afrontar: no poder culminar sus estudios, conseguir un trabajo cerca a su casa y que le permita criar a sus hijos, la incertidumbre y el miedo de que ocurran eventuales ataques guerrilleros (la vereda donde vive no es precisamente un lugar tranquilo por la presencia de las FARC-EP) y las largas distancias que debe recorrer para trasladarse, nunca se rindió; y aun sigue luchando por su autonomía.

Marleny ha alcanzado un gran avance respecto a la calidad de los productos que elabora y ahora comercializa sus productos gracias a la formación y capacitación que recibieron: “Nosotras antes vendíamos sin valorar lo que hacíamos, perdíamos tiempo e intercambiábamos las mochilas por una gallina, pero por medio de la asociación de mujeres aprendimos a valorar nuestro trabajo”. Ahora su trabajo marca una diferencia y son reconocidas en la comunidad por la particularidad y calidad de sus artesanías.

Con satisfacción nos cuenta cómo gracias a su trabajo su rol en el hogar se ha transformado, se ha convertido en una impulsora del cambio y de la igualdad. Ahora ha acordado con su esposo establecer en equilibrio las responsabilidades y obligaciones, adquiriendo un mayor reconocimiento en la economía de su hogar.

Como promotora del cambio está ayudando a que otras mujeres indígenas puedan mantener la tradición e identidad de sus abuelos. Para ella, establecer la igualdad entre hombres y mujeres en su comunidad es un objetivo que por fin está en camino de hacerse realidad.