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Siempre hay alguien que da el primer paso

mujeres waorani

Lo he pensado muchas veces este último año mientras conocía los proyectos de CODESPA en algunos de los países donde trabajamos.

 

Siempre hay alguien que da el primer paso. A veces casi pasa inadvertido. Una mujer que decide abrir por fin las puertas de su pequeño negocio. Un agricultor que prueba una forma diferente de cultivar porque alguien le ha demostrado que puede funcionar. Un grupo de vecinos que descubre que, unidos, puede negociar mejor el precio de su producción. Una empresa que entiende que su actividad también puede generar oportunidades para quienes viven a su alrededor.

En 2025 hemos celebrado el 40 aniversario de CODESPA y, al mirar atrás, me doy cuenta de que nuestra historia no se explica únicamente por los más de 1.400 proyectos que hemos desarrollado o por los casi 6 millones y medio de personas que han mejorado sus oportunidades desde 1985. Se explica por la confianza. La confianza en que las personas, cuando encuentran una oportunidad y alguien cree en ellas, son capaces de construir un futuro que parecía imposible.

Es una convicción que sigue siendo exactamente la misma que impulsó a quienes fundaron CODESPA hace cuarenta años. Nunca hemos creído que nuestro papel sea sustituir a las personas, sino acompañarlas para que puedan seguir avanzando y construyendo su propio camino.

Pienso en Cahuo Boya, presidenta de la Asociación de Mujeres Waorani de la Amazonía ecuatoriana. Cuando habla de las artesanías que elaboran con fibra de chambira, no habla solo de ingresos. Habla de conservar el bosque donde ha vivido siempre, de transmitir ese conocimiento a las siguientes generaciones y de demostrar que proteger la naturaleza también puede crear oportunidades para las familias de su comunidad.

También en Eulária de Freitas, en Angola. Me impresionó escucharla explicar, con una naturalidad desarmante, que aprender a organizar mejor su pequeño salón de belleza le había devuelto la confianza para seguir creciendo. A veces pensamos que emprender consiste únicamente en conseguir financiación o abrir un negocio. Ella recordaba algo mucho más importante: que también significa descubrir de lo que uno es capaz.

Recuerdo a Rufinito Samson, en Filipinas. Durante años veía cómo parte de las algas que cultivaba terminaban sin utilidad. Hoy habla con entusiasmo de cómo esos mismos restos pueden convertirse en materia prima que ayuda a otros agricultores a producir de una forma más sostenible.

Y no puedo dejar de pensar en los carretilleros del resguardo indígena La Cilia-La Calera, en el norte del Cauca. Durante mucho tiempo sobrevivieron recogiendo caña de azúcar de manera informal. Hoy trabajan organizados, venden directamente a la empresa azucarera Incauca y han construido una relación basada en la confianza, la formación y el beneficio mutuo. Es una historia que demuestra que incluso los conflictos que parecen enquistados pueden transformarse cuando las personas deciden sentarse a buscar soluciones juntas.

Cuando recuerdo este año, son ellos quienes aparecen primero en mi memoria. Después llegan las cifras.

Más de 320.000 personas participaron en nuestros proyectos y consultorías durante 2025. Más de 210.000 accedieron a formación profesional y microempresarial. Casi 70.000 mujeres generan hoy ingresos para sus hogares. Son resultados que nos ayudan a medir nuestro trabajo y a rendir cuentas, pero detrás de cada uno de esos números hay alguien que un día decidió dar ese primer paso.

 

Lo importante ocurre cuando ya no estamos

Hay una pregunta que nos acompaña siempre cuando un proyecto llega a su final. No nos preguntamos únicamente si hemos cumplido los indicadores previstos, sino qué ocurrirá cuando CODESPA ya no esté allí. Si esa cooperativa seguirá creciendo. Si los conocimientos continuarán pasando de unas personas a otras. Si esa emprendedora tomará por sí sola la próxima decisión importante para su negocio. Si una asociación será capaz de negociar mejores oportunidades para sus productores.

En realidad, ese es el momento que más nos importa.

Nunca hemos entendido la cooperación como una actividad que depende de nuestra presencia permanente. Llegamos para escuchar, comprender el contexto y trabajar junto a las personas que mejor conocen su propia realidad. Compartimos conocimientos, facilitamos el acceso a financiación y a mercados, fortalecemos organizaciones y construimos alianzas. Pero siempre con la misma intención: que llegue un día en el que nuestra presencia deje de ser necesaria porque las capacidades ya se han quedado en la comunidad.

Hay quien piensa que quienes trabajamos en cooperación viajamos para enseñar. Después de tantos años recorriendo comunidades, la sensación con la que vuelvo suele ser la contraria. Regreso aprendiendo de personas que, incluso en circunstancias muy difíciles, siguen encontrando motivos para emprender, innovar, colaborar y confiar en los demás. Esa capacidad para seguir adelante es, probablemente, la mayor lección que me deja cada viaje.

Nada de esto sería posible sin las personas que forman parte de CODESPA. Pienso en nuestros equipos en España y en cada uno de los países donde trabajamos. Son ellos quienes conocen el terreno, quienes escuchan antes de proponer soluciones y quienes construyen relaciones de confianza que a veces duran años.

Pienso también en nuestro Patronato, en los socios y donantes que llevan décadas acompañándonos, en las administraciones públicas, en organismos internacionales, en empresas y entidades como la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), Fundación Roviralta, Fundación “la Caixa”, Incauca, Fundación Julius Baer, Baviera, Fundación Bayer, Ferrovial o Fundación Pelayo, y en tantas otras organizaciones que han decidido sumar su conocimiento y sus recursos para que estas oportunidades lleguen cada vez más lejos. Las alianzas no son un complemento de nuestro trabajo. Son la manera en la que entendemos el desarrollo.

Cumplir cuarenta años no significa mirar atrás con nostalgia. Significa comprobar que seguimos creyendo en lo mismo. Que el talento está en las personas y en las comunidades. Que las soluciones más duraderas nacen cuando se construyen con ellas y no para ellas. Y que la mejor cooperación es la que consigue que un día ya no haga falta.

Hace cuarenta años, un grupo de personas dio el primer paso al crear CODESPA. Desde entonces han sido millones las personas que han dado el suyo: quienes decidieron emprender, aprender un oficio, organizar una cooperativa, recuperar un cultivo, abrir un pequeño negocio o confiar de nuevo en su comunidad.

Nosotros solo hemos tenido el privilegio de caminar a su lado durante un tramo del camino. Y si algo celebramos este aniversario no son solo cuatro décadas de historia. Celebramos cuarenta años viendo cómo las personas, cuando encuentran una oportunidad y alguien confía en ellas, son capaces de llegar mucho más lejos de lo que imaginaban.

 

Artículo escrito por José Ignacio González-Aller, Director General de CODESPA.

 

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