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En Filipinas, la confianza es clave

En Filipinas trabajamos para reducir la desigualdad en el mercado de las algas, un producto muy demandado. Las algas se cultivan, sobre todo, en las remotas costas del Pacífico Sur y se procesan para obtener una sustancia llamada carragenina, que se utiliza en diversas industrias, como la alimentaria, farmacéutica o cosmética por sus propiedades gelificantes y estabilizadoras.

 

A pesar de cultivar un producto tan deseado y de alta calidad, los productores de algas de Filipinas enfrentan una vida precaria. Lejos de los principales actores del mercado internacional y afrontando desafíos financieros, suelen verse obligados a vender rápido y en condiciones injustas para satisfacer las necesidades inmediatas de sus familias. Los intermediarios fijan el precio: muy bajo para los productores y muy alto para las empresas privadas. El resultado es una cadena de suministro profundamente desequilibrada, en la que la mayor parte de las ganancias se concentra en manos de unos pocos intermediarios, mientras que miles de productores ven cómo disminuye el valor de su trabajo y permanecen atrapados en condiciones inseguras y sin perspectivas de mejora.

Desde 2021, colaboramos con Julius Baer Foundation para apoyar a los pequeños productores del municipio de Hinatuan, en el sureste de Filipinas, y conectarles directamente con las empresas privadas y distribuir el valor de forma más equitativa. Lo hemos logrado a través de programas de formación, la consolidación de la Asociación de Productores de Algas Marinas de Hinatuan (HSWPA) y les hemos puesto en contacto con CEAMSA, una procesadora española de algas con sede en Manila.

Julius Baer Foundation ha entrevistado a Marcello Gandolfi, director global de programas de CODESPA, con el fin de analizar y profundizar en el alcance de este éxito.

 

Marcello, en los últimos 35 años CODESPA ha trabajado para desarrollar los mercados rurales y apoyar a los pequeños empresarios. Según tu experiencia, ¿cuáles son los retos que dificultan su éxito y la prosperidad de sus comunidades?

Igual que todos nosotros -independientemente de nuestro origen y riqueza-, las personas vulnerables dependen del mercado para sobrevivir.

Hoy en día, los productores de zonas remotas tienen la posibilidad de vender sus productos (arroz, café, algas, por nombrar sólo algunos) a empresas internacionales, para que los consumidores de cualquier parte del mundo puedan comprarlos y disfrutarlos. Esta es la belleza y la promesa que ofrece el mercado global, y creemos que esto conlleva oportunidades de desarrollo para las comunidades de todo el mundo.

Sin embargo, a pesar del enorme potencial que tienen en sus manos, las comunidades locales son vulnerables y se enfrentan a retos para su participación rentable en el mercado.

El primer reto es una paradoja, muchas comunidades están situadas en zonas protegidas, ricas en recursos naturales, que la mayoría de las veces representan su mayor activo. Para los productores de algas de Hinatuan, por ejemplo, vivir en una zona remota del océano Pacífico con acceso a agua de mar muy limpia y no contaminada, representa un gran valor añadido. Pero la zona está aislada y alejada de los principales agentes del mercado. La falta de conexión con el mercado principal y la multiplicación de actores en la cadena de valor es el primer obstáculo.

El segundo reto se refiere a las empresas privadas. La eficiencia es clave para cualquier gran actor del mercado: las empresas no quieren comprar materia prima a miles de pequeños actores, si no, idealmente, a menos proveedores más grandes.

Nuestra solución es apoyar a las comunidades de productores a crear empresas locales o cooperativas que representen a miles de ellos, prescindiendo de los intermediarios y trabajando directamente con el comprador final.

Por supuesto, esto supone un reto. Entrar al mercado es difícil, muchas veces, los pequeños agricultores no saben cómo funcionan las empresas, sus normas y requisitos. Tampoco conocen su propio valor en el mercado. CODESPA les ofrece formación y contactos con empresas privadas. Les ayudamos a dar forma a su propuesta de valor y a hacerse progresivamente independientes y exitosos.

Sin embargo, la formación no es suficiente. Los productores también necesitan un cambio de mentalidad y capacidad de liderazgo. En estas comunidades, una larga historia de proyectos de desarrollo y cooperación ha dado lugar a la creación de multitud de organizaciones sociales. Éstas suelen estar dirigidas por líderes locales que normalmente tienen aptitudes sociales, pero carecen de experiencia en gestión empresarial. CODESPA selecciona a los líderes que pueden convertirse en empresarios y dirigir la empresa. Ayudamos a esas organizaciones locales a cambiar su mentalidad, de social a empresarial: de realidades vulnerables que dependen de subvenciones, a empresas de éxito que son competitivas en el mercado.

El tercer reto es la financiación. Los microempresarios con los que trabajamos carecen de capital para las inversiones que necesitan, por ejemplo, maquinaria o infraestructuras. No tienen ahorros, por lo que necesitan vender rápido para satisfacer las necesidades inmediatas de sus familias. Si tuvieran capital para esperar y vender cuando el precio sea más alto, o cuando negocien colectivamente mejor, sus ingresos podrían ser mucho mayores. CODESPA les proporciona capital para invertir en tecnología y que les permita negociar y jugar estratégicamente en el mercado.

 

¿Qué impedía la conexión directa entre agricultores y empresas privadas antes de la intervención de CODESPA? ¿Qué hizo posible la interacción?

Garantizar la colaboración entre las empresas privadas y los pequeños productores para distribuir mejor la riqueza es el objetivo clave de Julius Baer Foundation. Estimulados por este objetivo, conectamos con CEAMSA y empezamos a facilitar la relación con HSWPA, trabajando para equilibrar las expectativas mutuas y ayudando a generar confianza. Al principio, CODESPA se centró en garantizar que CEAMSA pagaría el precio acordado y que los productores se comprometerían a vender exclusivamente a CEAMSA durante un año completo tras el inicio de la colaboración.

Y funcionó. En el segundo año, HSWPA podría haber vendido a otros compradores, pero decidió en su lugar continuar la relación con CEAMSA.

En este punto, la conexión humana entre los actores se convirtió en el verdadero punto de inflexión de esta historia. El director general de CEAMSA, Jose Arturo Evalle, hizo de este proyecto parte de su visión humana y profesional. Él y su equipo visitaron la comunidad en múltiples ocasiones, proporcionando formación y asesoramiento. Después, un grupo de productores viajó a la planta de CEAMSA en Manila para conocer el proceso de transformación de las algas y las necesidades de la empresa.

Se generó confianza y el proyecto prosperó. 

Hasta ahora, la conexión directa entre agricultores y empresas privadas era impedida por la falta de confianza. Otras iniciativas anteriores en Filipinas, dirigidas por organizaciones no gubernamentales internacionales, fracasaron cuando surgieron dos problemas: algunas de las empresas no respetaron el acuerdo de precios, defraudando a los agricultores y haciéndoles perder la fe en el potencial del mercado. Por otro lado, las empresas invirtieron tiempo en compartir información valiosa con los agricultores y, en cuanto aumentó la calidad, algunas de ellas vendieron toda su producción a otros compradores, incumpliendo el acuerdo por unos céntimos adicionales.

La conexión humana que se ha generado entre CEAMSA y los productores ha sido el verdadero punto de inflexión de esta historia.

Hoy, gracias a esta colaboración, la calidad de las algas de HSWPA está entre las mejores de la región. Una vez en la planta, sus algas se saltan los pasos de clasificación y limpieza y pasan directamente a la producción, lo que aumenta la eficiencia. Al prescindir de los intermediarios, CEAMSA también redujo los costes de transacción: menores costes para ellos, ingresos mucho mayores para los productores, hasta un 80%. Los productores han formalizado su negocio y han empezado a pagar impuestos, convirtiéndose de ciudadanos invisibles a microempresarios. Ahora saben que su sueño es posible y que hay futuro para su comunidad.

 

¿Cuáles son los siguientes pasos de este proyecto para ampliar los resultados logrados?

Ahora queremos innovar a varios niveles. A nivel local, nos centramos en dos pilares principales. El primero es asegurar la sostenibilidad ambiental de los procesos para cultivar algas aún más limpias y ofrecer a los clientes una mayor ventaja competitiva. También estamos trabajando para reutilizar todos los residuos de algas que no se venden para producir otros productos de valor añadido en un enfoque de economía circular, por ejemplo, biofertilizantes.

La escuela de negocios IESE está estudiando este caso empresarial. Si conseguimos que nuestro enfoque se convierta en la norma mundial para un mercado de algas sostenible en todo el mundo, juntos podremos impulsar un cambio sistémico en el sector con un inmenso valor añadido para todos los agentes de la cadena de suministro de algas.

 

Lee la entrevista completa en la web de Julius Baer.

Escucha a los protagonistas explicar en este vídeo cómo es posible lograr un beneficio mutuo para todas las partes involucradas: