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Negocios inclusivos para generar oportunidades y reducir el desperdicio alimentario

Los negocios inclusivos representan una vía para atender las necesidades de toda la sociedad, generando también oportunidades para las personas vulnerables. En CODESPA, apostamos por esta perspectiva, porque estamos convencidos de que toda necesidad es una oportunidad para reformular el sistema, haciéndolo más sostenible, inclusivo y permitiendo a las personas en situación de vulnerabilidad prosperar.

 

Un negocio inclusivo es una “actividad económica que integra en su cadena de valor a comunidades de bajos ingresos, o grupos expuestos a algún tipo de vulnerabilidad, como clientes, proveedores, distribuidores o empleados, que logra ser rentable y, a su vez, genera un impacto social que mejora las condiciones de vida de las personas implicadas.”

Así lo define el Informe de Negocios inclusivos y empresas españolas del Observatorio Empresarial para el Crecimiento Inclusivo, una plataforma empresarial impulsada por CODESPA junto con el IESE Business School y Boston Consulting Group. Además, destaca que las organizaciones que gestionan estos negocios pueden ser desde pequeñas y medianas empresas hasta multinacionales e incluso ONG, y operar en países tanto desarrollados como en desarrollo.

El Observatorio también identifica algunos factores clave para el éxito en la creación de un negocio inclusivo:

  • Cumplir las cinco “aes”: asequible, adaptable, accesible, adecuado y (medio)ambiental.
  • Conocer a fondo al público objetivo y construir de manera participativa.

Cada uno de los proyectos que desarrollamos en CODESPA sigue este planteamiento. Nos centramos en las personas, creamos estrategias basadas en las necesidades locales y proponemos modelos sostenibles y participativos.

 

Un sencillo bidón para prevenir el desperdicio y la pobreza

Nuestra experiencia nos ha hecho ver que, muchas veces, la pérdida y el desperdicio de alimentos se deben a la falta de capacitación de las comunidades agrícolas para trabajar con cultivos más eficientes o para protegerse de las adversidades climáticas que destrozan sus cosechas.

De hecho, la FAO señala que la formación en técnicas agrícolas y mejores procesos de almacenamiento puede prevenir muchas pérdidas.

Cuando comenzamos a trabajar en Angola, hace más de una década, el país sufría de varios problemas relacionados con la producción alimentaria. La inseguridad a nivel de propiedad de tierras, la escasez de alimentos y la falta de infraestructuras para almacenar la producción hacía que los angoleños tuvieran que recurrir a la importación de los productos básicos alimentarios, dificultando el desarrollo agrícola y debilitando su economía.

Identificamos, junto a las comunidades, que la vulnerabilidad alimentaria se centraba en la carencia de almacenamiento, perdiendo hasta un 40% de su producción. Esta situación atrapaba a las comunidades en un ciclo de pobreza, ya que, al no poder conservar sus cosechas, se veían obligados a renunciar a ellas, sin poder asegurar su propia alimentación ni obtener ingresos de su venta.

Para abordarlo, en CODESPA desarrollamos un sistema de bidones reciclados capaces de almacenar más de 200 kg de semillas, ofreciendo una solución sostenible y asequible para los agricultores.

 

Organizados en cooperativas

En paralelo, fomentamos la creación de cooperativas rurales que fueron un eje fundamental para transformar el proyecto en un verdadero negocio inclusivo.

Una cooperativa es una asociación de pequeños agricultores que unen sus recursos para mejorar su proceso de producción, acceso a suministros, conocimiento y crédito para hacer crecer sus negocios y obtener un ingreso estable. Esto permitió la participación activa de las comunidades rurales y la gestión autónoma y autosuficiente del negocio.

Para lograrlo, adoptamos un enfoque integral. Inicialmente, facilitamos la organización en cooperativas y la legalización de las tierras cultivadas, asegurando así su derecho a almacenar sus propias cosechas.

Por otro lado, creamos bancos de semillas gestionados por los propios campesinos, asegurando su acceso mediante créditos en especie para toda la comunidad.

Por último, impulsamos las escuelas de campo, donde los campesinos aprenden técnicas de cultivo y a seleccionar las semillas de mejor calidad. Así, devuelven al banco lo recibido y multiplican su producción. Cuando ésta alcanza cierto volumen, la comunidad comercializa las semillas con otras comunidades, generando ingresos que antes no tenían.

Ahora, los campesinos son autosuficientes, el desperdicio alimentario se ha reducido y la seguridad alimentaria y económica está garantizada. Este nuevo sistema no sólo aborda necesidades urgentes, sino que también impulsa el crecimiento de quienes estaban excluidos.

Eso es el corazón de un negocio inclusivo.