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Innovar no es solo tecnología: distintas formas de innovación para un mundo más justo

cacao peruano harina

La innovación no es el último iPhone: es la forma en que las personas pueden resolver la pobreza, el hambre y la desigualdad.

 

Cuando hablamos de innovación, muchas veces pensamos en grandes avances tecnológicos, inteligencia artificial o el último smartphone. Pero, al trabajar con comunidades olvidadas, que viven en zonas remotas o sufren situaciones de vulnerabilidad o exclusión, vemos que innovar es algo mucho más cotidiano: encontrar soluciones para poder comer, generar ingresos o acceder a servicios básicos.

Hoy, más de 700 millones de personas viven en pobreza extrema y cerca de 735 millones sufren hambre de forma crónica. A esto se suman los efectos del cambio climático, la falta de empleo digno o la inestabilidad económica, que hacen que estos retos sean aún más difíciles de afrontar.

Y, sin embargo, la innovación también está ahí. No siempre llega en forma de grandes inversiones o tecnología puntera. Muchas veces llega a medias, sin adaptarse del todo a la realidad local. Pero las comunidades no se detienen. Ajustan, prueban, aprenden. Innovan. No porque quieran, sino porque necesitan hacerlo para seguir adelante.

En esos contextos trabaja CODESPA, acompañando a comunidades rurales para hacer frente a problemas estructurales profundos como la pobreza o la exclusión social. No llevamos soluciones cerradas: las construimos junto a las personas que viven estos retos cada día. Porque innovar, en estos contextos, no es inventarlo todo de nuevo. Es lograr que las cosas funcionen.

 

Mismo punto de partida, soluciones distintas

Aunque los contextos cambian, los problemas se repiten: producir con menos recursos, reducir pérdidas, mejorar ingresos o acceder a nuevos mercados. Lo que cambia es la forma de abordarlos.

En Colombia, por ejemplo, trabajamos con más de 500 productores de café, cacao y caña de azúcar, donde el 40% son mujeres. Aquí el reto no era solo producir, sino hacerlo sin aumentar costes ni dañar el entorno del que dependen. Durante años, los residuos agrícolas se quemaban o se acumulaban, afectando al suelo, al agua y a la productividad futura.

A partir del trabajo conjunto, hemos impulsado tecnologías de bajo coste para transformar esos residuos en nuevos productos, mejorar procesos y reducir costes en actividades como el transporte de la caña con soluciones mecánicas adaptadas. Pero, sobre todo, hemos visto un cambio importante en la forma de entender su trabajo. Como nos cuenta Flor Smith Perdomo, productora de café:

Antes quemábamos las basuras y no sabíamos que eso contaminaba… ahora sabemos cómo cuidar el suelo, los árboles y el café.

productora cafe colombia

 

Ese paso, de hacer las cosas por costumbre a hacerlo con conocimiento, es lo que hace posible que el cambio se mantenga.

A miles de kilómetros, en la Amazonía peruana, el cacao se centraba casi exclusivamente en el grano, mientras que gran parte del fruto se desaprovechaba. Sin embargo, tras analizar sus propiedades, descubrimos que el mucílago (la pulpa que rodea el grano) y la placenta del cacao tienen un alto valor nutricional y potencial para el mercado.

A partir de ahí, hemos incorporado nuevas etapas en el proceso productivo: extracción, conservación y transformación en productos como bebidas, harinas u otros derivados. Esto ha supuesto adaptar tecnologías al contexto rural y reorganizar el trabajo dentro de las asociaciones.

El resultado es claro: más ingresos, menos dependencia del precio del grano y mayor estabilidad a lo largo del año. Además, alianzas como la que desarrollamos con Agrolinera ayudan a conectar esta producción con el mercado en mejores condiciones.

productores cacao peru

 

Innovar donde todo es más difícil

En la provincia de Tshopo, en la República Democrática del Congo, innovar no es solo transformar procesos: es resistir.

Las comunidades con las que trabajamos en zonas como Kisangani, Isangi u Opala se enfrentan a múltiples dificultades: suelos degradados, falta de recursos, aislamiento, plagas, efectos del cambio climático o conflictos que amenazan su seguridad e interrumpen la actividad agrícola.

A pesar de ello, más de 500 mujeres agricultoras organizadas en cooperativas, junto con otros productores, están incorporando cambios reales en su forma de producir: uso de biofertilizantes, diversificación de cultivos o mejoras en la conservación de alimentos.

Aquí, lo importante no es solo qué introducimos, sino cómo lo hacemos. A través de escuelas de campo, los propios agricultores experimentan en sus parcelas, comparan resultados y adaptan las prácticas a su realidad. Este proceso está acompañado por 48 facilitadores comunitarios: personas de las propias comunidades que han sido formadas para acompañar a otros agricultores desde la cercanía y el conocimiento del terreno. Se trata, en definitiva, de aprender entre iguales.

escuela de campo congo

 

Los resultados ya se están viendo: mejores cosechas, más ingresos, mayor disponibilidad de alimentos y más niños y niñas escolarizados. Además, 22 grupos están en proceso de consolidarse como cooperativas, lo que no solo mejora su acceso a mercados, sino también su capacidad de negociación y las condiciones en las que venden sus productos.

 

Tecnología cuando tienen sentido

En algunos contextos, la tecnología digital también juega un papel importante, siempre que responda a problemas reales.

En Guatemala, con el proyecto DIGIXIM, desarrollado junto a la empresa tecnológica española Naria y financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), estamos creando una plataforma basada en blockchain para gestionar excedentes alimentarios. El objetivo es mejorar el acceso a alimentos en comunidades del Corredor Seco, donde la inseguridad alimentaria afecta especialmente a población indígena, beneficiando a 1.000 familias.

En República Dominicana, el proyecto Cacao Trace, financiado por la Unión Europea, acompaña a 700 pequeños productores para adaptarse a la normativa europea EUDR, que exige trazabilidad completa del cacao. Gracias a herramientas digitales, pueden registrar su producción y mantenerse en mercados internacionales en condiciones más justas.

Y en Filipinas, el proyecto IMPACT, financiado por la AECID, trabaja con más de 6.600 personas que dependen del cultivo de algas. Allí, los residuos se transforman en biofertilizantes naturales que mejoran la productividad agrícola y reducen el uso de insumos químicos más caros y contaminantes.

Detrás de estos datos hay historias reales. Como la de Jimmy Acedilla, productor de algas:

Durante años, los bajos precios y la dependencia de intermediarios han hecho muy difícil vivir del cultivo de algas. Ganábamos apenas lo suficiente para comprar arroz. Aprender a producir biofertilizantes ha sido clave: nos ha permitido generar nuevos ingresos, mejorar la productividad y nos ha enseñado a cuidar mejor los recursos del mar. Ahora trabajamos juntos para construir un futuro más estable y proteger lo que tenemos.

 

Generar oportunidades: lo que realmente significa

Cuando hablamos de oportunidades, no hablamos de algo abstracto. Hablamos de cosas muy concretas: poder diversificar ingresos, mejorar la producción, acceder a nuevos compradores o aplicar conocimientos técnicos en el día a día.

En CODESPA las soluciones deben cumplir las cinco “Aes” de la innovación social:

  • Adecuadas, porque responden a una necesidad real;
  • Accesibles, porque llegan a quienes las necesitan;
  • Asequibles, porque son económicamente viables para poblaciones vulnerables;
  • Adaptadas, porque respetan el contexto social, cultural y productivo;
  • Ambientalmente sostenibles, porque no generan impactos negativos en el entorno.

La innovación no es el último iPhone. Es cuando una comunidad deja de quemar residuos porque entiende lo que eso provoca. Cuando un agricultor transforma lo que antes perdía. Cuando una mujer empieza a generar ingresos propios por primera vez.

Y también es una realidad incómoda: quienes menos recursos tienen son, muchas veces, quienes más necesitan innovar para poder salir adelante. No porque lo elijan, sino porque no tienen otra opción. Y ahí es donde la innovación deja de ser una palabra de moda para convertirse en lo que realmente es: una herramienta para construir un mundo más justo.

 

Han colaborado en la redacción de este artículo: Andrés Rodolfo Trujillo, representante de CODESPA Colombia; Gemma Castillo, representante de CODESPA Filipinas; Vanessa Mazariegos, representante de CODESPA Guatemala; Luis Cáceres, representante de CODESPA Perú; Franck Mbemba, representante de CODESPA República Democrática del Congo; Diana Patricia Borrero, representante de CODESPA Caribe.

 

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