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¿Por qué trabajamos en Angola? Una población en situación de inseguridad alimentaria permanente

¿Por qué trabajamos en Angola? Una población en situación de inseguridad alimentaria permanente

Angola lleva en paz 13 años, después de una guerra de 27 años. Esta guerra se lo llevo todo: padres, madres e hijos; formas de vida como la agricultura y sus conocimientos; así como todas sus infraestructuras.

En 1990 Angola se encontraba en la categoría de hambre extremadamente alarmante y en 2011 todavía era alarmante. Muchos programas e iniciativas han tratado de cambiar la situación, pero todavía hoy el 27,4% de la población está actualmente en situación de subnutrición, más de la mitad de la población (54,3%) vive con menos de 1,25 USD/día, y el 60% de los pobres viven en el medio rural.

 

Su agricultura y su capacidad de producir sus propios alimentos, como consecuencia de la guerra, han disminuido drásticamente. Debido a esto y la elevada dependencia de la importación de alimentos, la seguridad alimentaria del país es un claro motivo de preocupación. Angola cuenta con uno de los niveles de pobreza y vulnerabilidad más altos del mundo, ocupando el puesto 149 de 187, tal y como recoge el Informe de Desarrollo Humano de 2014.

Razones como estas nos impulsaron a que comenzáramos, hace 6 años, a trabajar en Angola. Debíamos identificar los problemas a los que se enfrentaban, teníamos que comprender cómo solucionarlos, pero lo primero era acercarnos a las personas e identificar a aquellas más vulnerables con las que íbamos a trabajar.

¿Cuál es el perfil de la persona con la que trabajamos en Angola?

Desde CODESPA, trabajemos en el país que trabajemos, siempre desarrollamos proyectos para poder ayudar a los más vulnerables. Sin embargo, cada país, cada región, encontramos unas problemáticas diferentes y lo primero es poder hablar con ellos, conocerles y comprender qué barreras y dificultades se encuentran.

En Angola, el 100% de la población con la que trabajamos vive en zonas rurales, donde la pobreza y el hambre son más severas. El 47% de la población de las comunidades en las que desarrollamos nuestros proyectos, vivía en situación de inseguridad alimentaria severa.

Además, un dato importante, era que el 99% de las familias usaban sus cosechas solo con carácter familiar. Sus bajas capacidades de producción (500Kg de maíz por hectárea), con unos campos de un tamaño menor a 1,5hectáreas les impedía poder desarrollarse y acceder a formas de inversión que les permitieran mejorar sus condiciones de vida.

Tras conocerles y poder hablar con ellos, pudimos comprender los problemas a los que se enfrentaban y que les impedían salir de la situación de pobreza e inseguridad alimentaría en la que muchos de ellos vivían:

  1. Falta de acceso a semillas de calidad, perjudicando a sus cosechas y a sus propios alimentos.
  2. Prácticas agrarias basadas en un entorno de precariedad, no adaptadas a la situación actual de los 
cultivos. La guerra había provocado que perdieran todos los conocimientos agrarios que en su momento le convirtieron en uno de los países que, por ejemplo, mayores exportaciones de café hacían (segundo en el mundo).
  3. Falta de sistemas de almacenamiento que permitieran el mantenimiento de las cosechas para el 
consumo en los meses de hambre (de diciembre a febrero).
  4. Encontraban grandes barreras para acceder al mercado y cuando lo hacían, se enfrentaban a condiciones injustas.
  5. Problema de acceso a micocrédito, sin poder invertir en mejorar sus herramientas, ni cultivos.
  6. Problema estructural de los servicios públicos de apoyo a los productores, encabezados por los 
servicios de extensión agropecuaria.
  7. Problemas de tenencia de tierras. Las comunidades no tenían los títulos de sus tierra, en cualquier momento podían perderlo todo y tenían miedo a ello.

Una vez identificados los problemas comenzamos a diseñas bancos de semillas, escuelas de campo, trabajábamos para que pudieran acceder sus propias tierras y otras muchas acciones que ya han comenzado a producir importantes cambios.

El hambre, un mal que se expande por toda África subsahariana

“El cambio de las familias es compra de ganado para la tracción animal, compra de material didáctico para los niños, pagar los costes de las escuelas de los niños y comprar alimentos para nuestras casas.” Luciano, Caála, Angola.

El cambio está llegando a muchas comunidades, es un primer paso. Queremos llegar a más comunidades, a aquellas que están todavía más alejadas y a otras provincias. Y estas son nuestras razones para continuar en Angola: intentaremos hacer lo que nadie más hace, en lugares remotos para ayudarles, #NoEstamosLocos.

Si quieres conocer más sobre nuestro trabajo en Angola, puedes visitar nuestros proyectos o leer la publicación donde te contamos con más detalle este apasionante viaje.