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Autonomía económica: un derecho que transforma la igualdad de género

mujeres guia ruta takesi

Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer vuelve a poner sobre la mesa una realidad que sigue siendo compleja en muchas partes del mundo. Este año, Naciones Unidas pone el foco precisamente en los derechos de las mujeres y en cómo hacerlos efectivos en la práctica.

 

Según el informe Women, Business and the Law 2024 del Banco Mundial, las mujeres cuentan con solo el 64% de los derechos legales que tienen los hombres. Además, de acuerdo con ONU Mujeres y la Organización Internacional del Trabajo, cerca del 60% del empleo femenino se desarrolla en la economía informal, sin protección social ni garantías laborales.

A esto se suma otro dato significativo: Naciones Unidas estima que las mujeres dedican el triple de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

Los avances legales han sido importantes en muchas partes del mundo, pero la experiencia demuestra que los derechos no se consolidan solo en las leyes. Para muchas mujeres, ejercerlos depende también de algo muy concreto: tener ingresos propios, formación y capacidad para participar en decisiones económicas.

En CODESPA llevamos más de cuatro décadas trabajando en América Latina, África y Asia, y nuestra experiencia nos ha enseñado que cuando una mujer accede a formación, empieza a generar ingresos y puede organizarse con otras mujeres para vender, negociar o emprender, su papel dentro de la familia y la comunidad cambia de manera tangible.

No ocurre de un día para otro, pero sí de forma progresiva: participar en una formación, vender los primeros productos, aportar ingresos al hogar, hablar en una reunión comunitaria o asumir responsabilidades dentro de una asociación. Pequeños pasos que, acumulados, acaban ampliando su capacidad real de decisión.

 

De la formación al ingreso: cómo empieza a cambiar la realidad

Partimos de una idea sencilla: las personas tienen habilidades y talento. Muchas mujeres saben cultivar, coser, transformar alimentos, criar animales o gestionar pequeños negocios. Lo que suele faltar no es capacidad, sino acceso a formación, herramientas, financiación o mercados donde vender lo que producen. Por eso, nuestros proyectos combinan varios elementos:

  • Formación técnica y empresarial adaptada al contexto local
  • Acceso a financiación o activos productivos
  • Acompañamiento continuado en terreno
  • Trabajo con líderes comunitarios, mujeres y hombres
  • Impulso de asociaciones o cooperativas que fortalecen la organización local

Este tipo de procesos no busca crear actividades que dependan siempre de ayuda externa, sino reforzar iniciativas que las propias comunidades puedan sostener con el tiempo.

 

Historias reales detrás de estos procesos

Con motivo de nuestro 40 aniversario, hemos reunido varias de estas experiencias en un libro que recoge historias vividas por mujeres vinculadas a proyectos de CODESPA y por profesionales que han trabajado junto a ellas.

No son relatos idealizados. Son transformaciones reales que hablan de aprendizaje, dificultades, decisiones y cambios que se construyen poco a poco.

Estas son algunas de ellas.

 

Del silencio a lideresa comunitaria

En el Corredor Seco de Guatemala, una de las regiones más afectadas por la inseguridad alimentaria y el impacto del cambio climático, CODESPA inició un proyecto productivo con varias comunidades. En las primeras reuniones, María Elisa apenas hablaba. Escuchaba, tomaba notas y observaba lo que ocurría en las sesiones de formación.

Con el tiempo comenzó a participar en formaciones técnicas, en sesiones de gestión y en espacios donde las mujeres empezaban a organizarse para comercializar sus productos de manera conjunta. Paralelamente, el trabajo con líderes comunitarios ayudó a que la presencia femenina en estos espacios fuera cada vez más aceptada.

Tres años después, María Elisa pasó a formar parte del comité de desarrollo local de su comunidad. Su presencia no fue simbólica: se consolidó cuando su trabajo empezó a generar ingresos visibles para las familias del lugar.

Maria Elisa y el despertar de una lideresa. Historia de Ignacio Zalbidea, delegado de CODESPA en Guatemala desde 2019 hasta 2022.

 

Sabían tejer, lo nuevo fue venderlo

En la provincia de Pacajes, en el altiplano boliviano, Lizeth y Estela Tantacalle aprendieron a tejer desde niñas. Abuelas, madres y vecinas les transmitieron ese conocimiento generación tras generación. Lo que faltaba no era habilidad ni creatividad, sino acceso a clientes, información sobre precios y canales para vender sus cojines y telares.

Tras recibir formación empresarial y apoyo técnico, comenzaron a organizar su producción y explorar nuevos canales de venta, incluidos los digitales. Hoy su marca, JAYA Tejidos, genera ingresos estables y ha permitido que otras mujeres del entorno se integren en la producción. Además, iniciativas como esta ayudan a que muchas familias puedan seguir viviendo y trabajando en su propia comunidad, sin verse obligadas a migrar a las ciudades en busca de ingresos.

El hilo de nuestra historia. Historia de Lizeth y Estela Tantacalle, hermanas participantes del proyecto Oportunidades en Bolivia, financiado por el Ayuntamiento de Madrid, desde 2022 hasta 2023.

artesanas telares altiplano boliviano

 

De recoger residuos a impulsar turismo responsable

Carolina creció en La Paz ayudando a su familia en la recolección informal de residuos, una actividad muy extendida en algunos barrios de la ciudad y que muchas familias realizan para poder subsistir, una actividad extendida en algunos barrios de la ciudad y que muchas familias realizan para poder subsistir, pero sin estabilidad ni acceso a protección social.

Años después logró completar sus estudios universitarios y participar en un programa de emprendimiento que incluía mentoría, planificación financiera y acceso a redes comerciales. Hoy dirige una empresa de turismo responsable, Walking Chuquiago, que trabaja con comunidades rurales para preservar su cultura y generar ingresos vinculados a ella.

Su camino muestra cómo la formación y el acompañamiento empresarial pueden abrir caminos profesionales que antes parecían impensables.

Amando las subidas y bajadas. Historia de Carolina Abigail Siga, participante del proyecto Oportunidades en Bolivia, financiado por el Ayuntamiento de Madrid, desde 2022 hasta 2023.

turismo responsable bolivia

 

Cuando una idea pequeña acaba siendo un proyecto colectivo

En Mulaló, Ecuador, un grupo de mujeres decidió iniciar una actividad avícola con lo que tenían a mano: algunas gallinas, materiales reciclados y muchas ganas de aprender. Con el tiempo, el proyecto fue creciendo gracias a la formación técnica, el trabajo en equipo y el acompañamiento de organizaciones locales.

Hoy el grupo Turuk cuenta incluso con su propia incubadora para producir pollitos, cerrar el ciclo productivo y generar ingresos más estables. Pero quizá el cambio más importante no es solo económico: muchas de estas mujeres, que al principio nunca habían hablado en público o participado en decisiones colectivas, ahora lideran el proyecto y apoyan a otras asociaciones a emprender.

De sueños a realidades. Historia de Jessica Mena, Ecuador.

reunión mujeres ecuador

 

Una freidora y una idea sencilla

En una zona rural del Valle del Cauca, en Colombia, conocimos a María Celia. Tras participar en una formación empresarial y acceder a un pequeño préstamo, decidió invertir en una freidora industrial para producir y vender chips de banana que ella misma bautizó como “moneditas de oro”.

Con el tiempo mejoró su producción, introdujo pequeñas innovaciones en el proceso y llegó incluso a contratar a una persona para ayudar en el huerto. Más allá del negocio, lo más significativo fue su propia percepción del cambio: había dejado de verse como alguien que necesitaba ayuda y empezaba a verse como una empresaria que podía hacer crecer su actividad.

Moneditas de oro. Historia de José Ignacio González-Aller, director general de CODESPA desde 2005.

productora banana colombia

 

Cada contexto es diferente, pero muchas de estas experiencias comparten algo en común. Cuando una mujer empieza a generar ingresos, participa en una asociación productiva, negocia precios o gestiona su propio negocio, aumenta también su capacidad de decidir sobre cuestiones clave: la educación de sus hijos, las inversiones familiares o su participación en la comunidad.

Por eso, en CODESPA entendemos la autonomía económica como una pieza fundamental para que los derechos de las mujeres puedan ejercerse en la práctica, y así avanzar hacia sociedades más justas y con más oportunidades reales para todas las personas.

 

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