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Juan M. un microempresario visionario en Colombia. #unahistoriaquecontar

Juan M. un microempresario visionario en Colombia. #unahistoriaquecontar

En el barrio Castilla de la comuna 5 de Medellín, la capital colombiana de la eterna primavera, ubicada en el centro geográfico del Valle de Aburrá viven Juan M. junto a su esposa Laura A. y sus tres hijos. Su ubicación es la ventana a un paisaje urbano alternado con los altiplanos y las montañas que se levantan como grandes manchas verdes en medio de la ciudad. El ambiente cálido del trópico se mezcla con el concreto en uno de los sectores más pobres y violentos de la ciudad. Y sin embargo allí, en una modesta casa, esta familia vive de producir artesanalmente velas para decorar.

En el barrio su relación con la comunidad y los vecinos es escasa debido al ambiente de desconfianza y miedo en el que viven: “Aquí todo el mundo conoce las bandas, es un secreto a voces, todo el mundo sabe quién es quién. El estado no hace presencia y todos los negocios deben pagar una vacuna cada ocho días, una suma que es insignificante comparada con la tranquilidad y la seguridad”.

En las calles hay pequeños laberintos que se confunden entre las montañas y las pequeñas urbanizaciones, cada cuadra traza un límite imaginario entre las bandas que controlan el territorio y los sitios de distribución de drogas. Es el narcotráfico y la presencia de antiguos paramilitares el mayor problema que afecta a los habitantes de esta zona, donde la paz se mantiene por lapsos de tiempo muy cortos hasta que el dominio territorial y las estructuras criminales se disputan de nuevo el poder.

Se mantienen las relaciones, la cordialidad y el respeto, pero siempre marcando un límite para que nadie se meta con nadie: “uno no puede dejar de saludar a nadie, pero hay que saber convivir y respetar el espacio de cada uno”, explica Juan.

Juan muy amablemente ha abierto las puertas de su casa para recibirnos y permitirnos conocer cómo ha sido desarrollar su microempresa y vivir con su familia en esta zona de la ciudad. La casa se une a su taller a través de un pequeño pasillo. En esta propiedad vive con su familia hace tres años y en el barrio hace seis. Antes vivían en la parte más alta de la montaña, pero busca cada día vivir en una zona más baja de la misma: “porque como sabes, acá entre más alto estés, más conflictivo es”.

Una microempresa de velas que surgió de la ilusión

Una microempresa de velas que surgió de la ilusión

Juan comenzó con la empresa hace 10 años, el mismo tiempo que lleva casado con su esposa. Todo empezó cuando Laura y Juan eran novios. Un vecino de Laura, en aquella época, tenía una fábrica de moldes y necesitaba de alguien que se encargara de hacer diseños nuevos. Ella aceptó hacer este trabajo y desde ese momento encontró en los moldes para velas una alternativa de ingresos. Así el tiempo libre de ambos lo dedicaban a hacer velas.

Un día Juan tuvo la idea de llevar los moldes y las velas que Laura fabricaba para ofrecerlos a la venta en la calle, su gesto le abrió los ojos a una nueva posibilidad: se dio cuenta que esas velas artesanales podían venderse a muchos clientes.

Como resultado, Juan y Laura decidieron dedicarse a producir velas por encargo. El taller donde fabricaban con ilusión las velas para eventos especiales y ferias artesanales, era el mismo hogar donde vivían.

El comienzo fue complicado, acudía a pequeños eventos y veían como otras empresas vendían las velas a precios más bajos para poder sacarles del mercado. Pero los continuos problemas de la violencia entre la que viven y ver como otros trataban de aprovecharse de su trabajo, no pudo con ellos. Poco a poco ha ido ganando más clientes: “Lo que hemos aprendido en el camino es que no nos podemos desesperar porque muchas veces llega otra persona y pone la competencia, pero usted sabe que la calidad y el tiempo que uno lleva con los clientes, y manejarlos es muy difícil. Nosotros los hemos conservado porque conocemos sus caprichos”.

2012, un año donde todo comenzó a cambiar

En 2012 comenzó a cambiar su vida

En 2012 Juan conoció el proyecto de microempresas y acceso a mercados que llevábamos a cabo junto a la Promotora Social de Comercio (PCS). Gracias a la formación han podido aumentar la calidad de las velas, permitiéndoles tener la oportunidad de participar y expandir su microempresa.

Además, la inclusión de la idea de negocio de Juan al proyecto desarrollo microempresarial de PCS le permitió ampliar el espacio donde producen y comercializar las velas artesanales a precios justos. ¡Ahora incluso venden las velas en las algunas grandes superficies!

Su sueño siempre ha sido el de tener una bodega grande para tener numerosos productos listos para la venta. Ahora tiene la esperanza de poder llegar a cumplir su sueño, aunque ha sido un proceso lento su constancia lo ha llevado a crecer notoriamente: pues ha pasado de vender 100 velas en un mes a comercializar aproximadamente 500 velas al mes en tan solo cuatro años.

Laura, ha sido una parte fundamental de esta microempresa, además de ser el punto de partida de ella se ha convertido durante una década en su mayor respaldo: “yo soy como muy chisposo y aventado y mi esposa es una mujer muy centrada y más de números”.

Ya no recuerda las veces que se ha tenido que enfrentar a la quiebra total, pero sin embargo sigue en su empeño de crecer y mantener su negocio. Como microempresario ha podido entender que su capacidad de crecimiento va de la mano de las capacidades que poco a poco van mejorando y fortaleciendo: “no solamente pensar uno como el dueño de la empresa. A medida que uno crece los trabajadores y la empresa también deben ir creciendo”.

 

* Los nombres de Juan y Laura se han cambiado para mantener su anonimato.